Esta mesnada la dirige el conde Ponce, noble lanza. El era la fuerza de Sanson, la espada de Gedeon ; era igual a Jonatas, ilustre como Josué ; era Jefe de su pueblo como el valientisimo Hector. Generoso y veraz como el invencible Ayax, no cede ante nadie, nunca retrocede en el combate, no vuelve la espada, el nunca huye hacia la retaguardia, olvidado de la mujer y del amor cuando lucha : desprecia los besos mientras se desarrolla el combate, desprecia la mesa, goza mas mientras hiere con la espada. Cuando blande la lanza, el malvado pueblo se abate de exhausto. Nunca soporta de mala gana el ardor de la batalla. Su diestra hiere con fuerza, su voz resuena, el enemigo es derribado. Cuando da consejos, posee la sabiduria de Salomon. Cambia las espadas por las horcas y, mientras cuenta los meses, el mismo prepara las comidas, reparte sus propios vinos a los caballeros cansados, mientras se quita el rudo casco.

Es el Arcos de los caballeros, el de las grandes, blasonadas casas “sacadas de cimientos y labradas”. Visitarlo, comprender la hidalguia, nobleza notoria, cultivada y volcada a raudales, lo merecido de los escudos que presiden las fachadas. Acuden, entonces, a la memoria, viejas lineas. “Poblacion de 3000 casas, de gente noble, principal, caballeros y hijosdalgos y ricos…” Las palabras de un Duque de Arcos : “tantos caballeros y tan buena raza de caballos”. “Su caballeria ha sido y es la mas ilustre de Andalucia”. Heraldica ganada por mucha y limpia sangre -30 nobles se contabilizan todavia en 1801- Que responsabilidad engendraria vivir en una de esas casas !

Escuchar maitines, visperas, guiarse por las campanas y salir al Angelus a San Pedro ! Sentir a la medianoche embozada en su capa y dormir la conciencia tranquila, como los angeles [...] “y en general son todos ricos”. “No hay casa en esta ciudad por pobre que sea, en la que en todo el invierno no esté el fuego encendido con mucha leña”. Por aqui se amasaba y cocia la historia cada mañana. Y no veais con cuanta elegancia mantenida ! Los capitulares vestian de negro para ir a las funciones de seis horas a Santa Maria, y cada cual sabia lo que tenia que hacer, y lo hacia.
Todo este ambiente se respira a pleno pulmon y aclara la persitencia de los ultimos, añejos hidalgos, aquellos que se ganaban el prestigio a fuer de pasar hambre, devorar migajas en el presente, y rumiar, en secreto, las glorias del pasado. Vivian asi no por lo que eran, sino por lo que fueron, ellos o sus antepasados, y no conocian lo que es, sino lo que fue, y al dedillo. Casi todos los pueblos los tuvieron, pero en Arcos, comidos por la historia, persistieron quizas los postreros, aislados, arruinados hidalgos, como en ningun otro sitio, y venia de perlas saludarlos por las calles apesadumbradas por el tiempo. Por eso, con franqueza, los echamos de menos.

Fueron unos señores hechos a dosis sobrehumanas de orgullo, tenacidad ; enflaquecidos, sin dar jamas su brazo a torcer, alimentados tan solo de recuerdos. “Los he vistos de carne y hueso, mas hueso que carne” escribe Santiago Mora-Figueroa. Durisimos de roer, la vida les pego fuerte. Pero los conocimos y admiramos, porque eran consustanciales al particularisimo aroma a pergamino que desprende la parte viejisima de Arcos que vais a conocer, donde alienta la hidalguia hasta por los caballetes de los tejados, y el viento se remonta por los arboles genealogicos como el dia por las torres. Desconocerlo, “un delito de lesa Andalucia”. Tutearlo repetir un Dios te Salve blanca Andalucia.
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Murio el esforzado caballero marqués-duque de Cadiz, don Rodrigo Ponce de Leon, en la ciudad de Sevilla, dentro de sus casas [...] Paso de esta presente vida en lunes 27 de Agosto del dicho año 1492 [...] Luego el señor don Luis Ponce, e su padre don Pedro Ponce, señor de Villagarcia, e todos sus parientes, e hermanos, e criados, e escuderos de casa se cubrieron de jerga, y eran tantos, que no cabian en toda la casa ; e alcanzo mucha honra en su fin, que estuvieron a su fallecimiento e enterramiento y se cubrieron por él de luto el señor don Alonso de Aguilar, que era mucho su amigo, y don Pedro Puertocarrero, hermano de la señora duquesa, señor de Moguer ; e el señor don Luis Puertocarrero, señor de Palma, y otros muchos honrados señores ; Fernan Darias, señor del Viso, e Pedro de Vera, e don Luis Méndez Puertocarrero, e Francisco Cataño, e otros ; todos éstos se cubrieron de luto, que falto la jerga con el fallecimiento del duque de Medina ; e pusiéronlo en un atahud aforrado en terciopelo negro e una cruz blanca de Damasco, en presencia de los dos frailes, vestido de una rica camisa e un jubon de brocado, e un sayo de terciopelo negro, e una marlota de brocado fasta en pies, e unas calzas de grana, e unos borceguies negros, e un cinto de hilo de oro, e su espada dorada ceñida, segun él acostumbrada traer quando era e andaba en las guerras de los moros, e ansi decindieron el atahaud con él de la sala e lo pusieron en unas andas enforradas de terciopelo negro, abajo en el cuerpo de las casas, donde los Ponce sus hermanos y parientes, y la duquesa su mujer y otras muchas dueñas hicieron sobre él grandes lloros e sentimiento ; eso mesmo hicieron sus escuderos e criados, e doncellas, e gente de su casa, e otros e otras muchas de su tierra e tambien de la ciudad, que era muy buen quisto caballero.

Desque fué noche, antes del Ave Maria, vinieron mas de ochenta clérigos con la Cruz de Santa Cathalina, y tres ordenes de frailes del Carmen, de la Merced e de San Francisco, y encomendaronlo en las andas, acompañandolo de los eclesiasticos, el provisor e todos los mas honrados canonigos de la iglesia mayor, e arcedianos, e dignidades, e los obispos que se hallaron en la ciudad ; e de los seglares el conde de Cifuentes, asistente de Sevilla, y la mayor parte del Regimiento de la Ciudad de Veintiquatros y Alcaydes mayores, e otras gentes, que no cabian por todas las calles ; llevaronlo por la calle de la Alhondiga e por San Leandro, faciendo por sus trechos sus paradas, donde la clerecia le decia sus responsos ; e las gentes que seguian sus ploros, y les ayudaban las dueñas, que salian a mirar desde sus puertas e ventanas a lo llorar, e daban tan grandes gritos las mujeres de la ciudad por donde lo llevaban, como si fuese su padre, o fijo, o hermano de todas, siguiéronlo e acompañaronlo tantas gentes fasta San Agustin, que no cabian por las calles, ni por los adarves, ni en la iglesia de San Agustin ; e ansi iban gentes acompañandolo y honrandolo como cuando facen la fiesta del Corpus Christi en Sevilla, aunque era de noche.
Era hombre de buen cuerpo, derecho, mas mediano que grande, de muy recios miembros, brazos e piernas, muy gran caballero de la gineta ; era blanco en el cuerpo e rojo en la cara, e cabellos e pescuezo, e tenia algunas pintas por el pescuezo e manos ; era hermoso de gesto, la cara mas larga que angosta ni luenga, no habia en ella reprehension ; la habla e organo de ella muy clara, e muy buena ; los cabellos rojos y crespos, e las barbas rojas ; era muy esforzado e bravo, e muy feroz a sus enemigos, e muy verdadero amigo de sus amigos ; amaba mucho sus vasallos, e volvia por ellos quando lo habia menester, e era muy bien templado en comer e dormir ; era casto, e cauto, e muy celoso de todas las mujeres de su tierra, e deseaba que no hubiese ninguna mala, y no consentia que ninguno suyo burlase a ninguna mujer, ni la infamase, y esto hacia tanto, que el que algo de este pecaba no osaba parar en toda su tierra.
Queria que sus vasallos asi honraran a los alcaydes e alguaciles de su tierra como a él mesmo. Retenia mucho los enojos, y no podia haber tan ahina la templanza de la paciencia ; perdonaba tarde a quien lo enojaba ; no le aplacia facer burla de los locos, nin de los simples, nin le aplacian los truanes, nin trompadores : no queria en su compania hombres cobardes, ni lisonjeros, ni de malas artes ; ni queria ver ni oir hombres traidores ni ladrones ; agradabale la musica algo, especialmente trompetas bastardas e chirimias, e sacabuches, e atabales, e de aquella que alegran las gentes en la guerra.
Era muy devoto de Santa Maria Nuestra Señora, y de la Iglesia, y ordinariamente oia misa cada dia, y rezaba sus oraciones por libro, y despues en unos corales ; y desde la confesion hasta “ite misa est” nunca hablaba a ninguna persona, ni alzaba las rodillas del suelo ; comunmente hacia celebrar con mucha solemnidad las fiestas de Nuestra Señora de la O y la fiesta de la Anunciacion, que cae en Marzo, y aun las mandaba celebrar en sus ciudades, villas y lugares, en las quales hacia dar grandes colaciones e limosnas ; tenia una capilla de vestimentos, calices e ornamentos, como convenia, con que le decian la misa en su casa e posada, empero nunca se hacia perezoso de ir a oir misa a la iglesia del pueblo donde se hallaba ; era caballero que le placia mucho la geometria de labrar y reparar castillos, y casas y cercas y fortalezas, y labro y gasto en ella, con lo que labro y fortalecio en Alcala de Guadaira y en la ciudad de Xérès, e Alanis cuando la tomo en tiempo del Rey don Enrique, mas de diez y siente quentos, segun él decia e sus mayordomos.
De sus fechos e victorias ya es dicho en sus tiempos e lugares. Este fue el caballero que mas trabajo de los Grandes de Castilla en la guerra [...] en todos los diez años que duro la conquista del reyno de Granada. El fizo el comienzo e vido el fin, e ovo su parte de la gloria e victoria, que él fué presente en la entrega de Granada, que fué el sello de la conquista, y asimismo fue honrado en la muerte. Recibio todos los Sacramentos, e dejo por subcesor a su nieto don Rodrigo.